Se rajó el hombre. Arrugó.
Sobrancero como siempre, en uno de sus característicos impromptus, tuvo la ocurrencia de invitar a su teleshow a los intelectuales extranjeros que participaban en el encuentro de Cedice. Estaba claro que los invitaba para fajarse con ellos.
Habría que no conocer a Chávez para imaginar que iba a ceder a otros el protagonismo. Tanto así, que [...]
Lo que dicen los lectores.