Un español que perteneció a la organización de extrema derecha Fuerza Nueva se ha convertido en el "cerebro gris» de Chávez y diseña, en la sombra, la Venezuela de Chávez. Así lo revela hoy el diario español ABC. El diario, aparte del reportaje, lo valora en su editorial.
Este es el reportaje:
Venezuela, transida de un populismo atroz removido por una aparente cuña de fervor revolucionario desde que el caudillo Hugo Chávez se impuso en 1999 sobre la escena pública, se ha convertido en un nuevo El Dorado para decenas de profesores procedentes de las universidades españolas.
Catedráticos y enseñantes de muy desigual prestigio, casi todos especializados en distintas disciplinas del Derecho Público, vienen cruzando el charco desde hace más de una década con el objetivo confesable de extender las reglas del juego democrático entre aquellos Estados iberoamericanos -la propia nación del Orinoco, pero también Bolivia y Ecuador- donde, sin embargo, la latente veleidad caudillista de sus respectivos líderes sitúa el futuro de millones de ciudadanos frente a una más que probable configuración política fundada sobre la estatalización de la propiedad y la perpetuación de la actual clase dirigente.
Profesor titular de Derecho Constitucional de la Universidad de Valencia, sus escarceos con la extrema derecha -"pecados de juventud», definen algunos de sus compañeros lo de haber pertenecido a Fuerza Nueva en su época de estudiante- no le han supuesto ningún problema para experimentar luego un radical cambio ideológico que le ha llevado a implicarse con indudable intensidad en el actual proceso de transmutación del régimen chavista, ése que debe ser sancionado por el pueblo venezolano en el referéndum constitucional previsto el día 2.
"Canalizó su inconformismo en el pasado enarbolando un ideario equivocado; hoy, sus convicciones políticas son las propias de la izquierda intelectual más convencional, pese a que él de convencional tiene poco», esgrimen con un tono de disculpa quienes lo conocen desde hace años. No es probable, en cualquier caso, que en el país caribeño estén al tanto de ese "borrón» en la trayectoria del que hoy se mueve por el Palacio de Miraflores como si lo hiciera por su casa.
Roberto Viciano preside la Fundación Centro de Estudios Políticos y Sociales (CEPS). Creada en 1993, de acuerdo con sus propios estatutos, CEPS tiene entre sus objetivos el de contribuir, por medio de la aplicación práctica del trabajo intelectual de sus integrantes, "a la transformación de la sociedad en una realidad más justa, democrática y solidaria».
Consagrado a ese teórico propósito, Viciano vive una media de seis meses al año entre Caracas, Quito y La Paz. En Venezuela, Ecuador o Bolivia, este fervoroso defensor del derecho de autodeterminación para el País Vasco es ya uno de los referentes de esa clase de intelectual español que admiten personajes como el mismo Hugo Chávez, Evo Morales en Bolivia o el presidente de Ecuador, Rafael Correa, con quien mantiene una cierta amistad desde los tiempos de profesor universitario del hoy mandatario que se esfuerza en hablar el kichwa, idioma de sus compatriotas indígenas.
En este sentido, en el país andino no pasó inadvertida la poderosa influencia que el español ejercía sobre el polémico aspirante presidencial, incluso para reglar las relaciones de éste con los periodistas locales con ocasión de un viaje girado por Humala a Bolivia: acudía, naturalmente, a entrevistarse con Evo Morales.
Antes, en Venezuela, este profesor valenciano, titular además de la Cátedra Jean Monnet sobre Instituciones Comunitarias, realizó decisivas aportaciones a los trabajos de elaboración de la Constitución de 1999 ("la Bicha»), la misma que ahora prevé acomodar Chávez a sus ínfulas de sesgo personalista. El pasado viernes partió hacia Quito después de una breve estancia en Valencia: Roberto Viciano presta asistencia a los miembros de la Asamblea Constituyente que desarrollan una nueva norma constitucional para un Ecuador bajo la égida de su amigo Correa. Otro tanto ocurre con Bolivia, donde también se está desarrollando hoy un convulso proyecto de reforma constitucional.
Según varios profesores que, precisan, han desempeñado labores "estrictamente académicas» en tierras iberoamericanas, declararse allí miembro de la comunidad universitaria española es algo parecido a rozar con los dedos el cielo de las celebridades. "Esa vitola le permite a uno, apenas deshechas las maletas, pasar del aeropuerto a codearse en cualquier lujoso restaurante con un ex jefe del Estado, con un ministro del Gobierno o con el responsable máximo de la más elevada instancia judicial. También saludarlo con plena confianza si se lo cruza por la calle. Realmente como si lo conociera de toda la vida», dicen. Siempre el ego.
Hay que tener en cuenta, y eso explica en buena parte la proliferación de proyectos de cooperación universitaria entre España e Iberoamérica, que el nivel de formación entre los responsables administrativos de estos países es "francamente mejorable desde la perspectiva europea».
Los responsables de Exteriores están al tanto de las actividades de los muchos docentes que, periódicamente, pronuncian conferencias, imparten cursos o elaboran informes a instancia de parte al otro lado del océano. Y la conclusión en estos foros en que no cabe meter a todos en un mismo saco.
En el otro extremo está Viciano, cuya "exceso de ideología» no invalida su rigor intelectual, pero sí puede adulterar el propósito inicial de su misión. Nadie, salvo Chávez, sabe cuánto en el nuevo rumbo venezolano es aportación de este profesor valenciano. Ni siquiera si sólo dice lo que el caudillo bolivariano quiere oír.
Este es el editorial:
Sin embargo, parece muy interesado en contar con el asesoramiento de juristas españoles para la implantación del "socialismo del siglo XXI». Se trata de juristas que contribuyen a la redacción de normas dirigidas a justificar y fomentar la propagación por varios países iberoamericanos del régimen "bolivariano», pero que en el fondo sólo encubren estilos de gobierno autoritarios, personalistas y contrarios a las reglas más elementales del pluralismo democrático. Estos expertos universitarios, de prestigio desigual, colaboran con el caudillo venezolano en una tarea que cualquier constitucionalista riguroso debería rechazar por razones de principio. Sin embargo, hay algunos que se apuntan a todo si, como es de suponer, una retribución sustanciosa compensa su trabajo.
Hoy informa ABC acerca del asesoramiento que profesores españoles prestan al Gobierno de Venezuela -y a los de otros países- para la consecución de una causa cuyo objetivo es acabar con los derechos y las libertades públicas. Entre ellos, figura un docente de la Universidad de Valencia cuya trayectoria ideológica es fiel reflejo de la afinidad propia de los extremismos de uno y otro signo. En efecto, Roberto Viciano Pastor ha pasado de ser miembro de Fuerza Nueva a subirse al carro de Hugo Chávez y de otros líderes iberoamericanos del mismo estilo como Ollanta Humala, candidato fallido en Perú, o el actual presidente de Ecuador, Rafael Correa.
La actividad de estos asesores expresa un despropósito por partida doble. De un lado, si a Chávez le molesta la presencia de España en Venezuela, debería buscar colaboradores en cualquier otro sitio. A su vez, los profesores afectados tendrían que plantearse si las ofensas del dictador al Rey y a todos los españoles hacen aconsejable seguir prestando servicios profesionales a una causa que, por pura dignidad ideológica, cualquier jurista que se reconozca demócrata debería rechazar.
Por lo demás, si ese contrato intelectual con el dictador venezolano satisface a los profesores también desde el punto de vista ideológico, habría que pensar que algo falla cuando quienes están comprometidos con la enseñanza del Derecho Constitucional en un sistema democrático contradicen la esencia misma de esta doctrina con un asesoramiento profesional a quienes invocan el autoritarismo como forma idónea de ejercer el poder.